martes, 23 de septiembre de 2008

Un cuento de hadas

Erase una vez un pueblo, y como todo pueblo tenía un castillo, y como todo castillo tenía un jardín, y en medio del jardín había un laberinto. En medio del laberinto una flor... y una mañana, al caer de ésta una gota de rocío nació una niña... Una niña especial, porque había sido engendrada por la luna y había nacido por los deseos del día. Por ello llevaba escrita en su cuerpo la dualidad; era medio planta y medio humana. Y por lo tanto también poseía dos nombres que nadie recuerda. Como todo ser especial tenía un dón: se cumplían todos los deseos que tuviera en su mente.
La niña pensó que tenía sed, y al dar unos pasos se encontró con un riachuelo; después pensó que tenía hambre y un gran manzano se abrió ante ella en el laberinto. Poco a poco esta niña fue creciendo y en un momento dado pensó que deseaba ser amada, y caminando con paso firme y decidido avanzó por el corredor, encontrándose frente al castillo. Curiosa, llamó a su puerta, y he aquí su sorpresa cuando un apuesto príncipe abrió el umbral.
-¿Quién eres? Oh dulce muchacha ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu nombre? ¿Por qué no cubren tu cuerpo finas telas de hermosos colores? Ven...entra conmigo al castillo.
Y así ella se dejó guiar por diferentes estancias, y él cubrió su blanca piel con finas sedas mientras sus ojos anhelantes la miraban
-Oh que bello es tu pelo, cuan hermosos son tus labios, cuan cantarina tu risa... ¿dónde has estado el resto de mi vida?
El príncipe le había entregado su corazón, tal era su amabilidad, tan sincero era, tan apuesto y galante... tan gracioso y risueño, que su amor fue correspondido.
Y así pasaron los días, y pasaron los meses, y pasaron los años… hasta que nuestra pequeña princesa deseó abandonar el castillo, para encontrar un lugar al que ella llamara hogar. Pero el príncipe se quedó allí... porque aquel era el reino que había levantado con sus manos, y que había perteneció a él y a su padre, y al padre de su padre, y al abuelo de este. Y nuestra princesa partió, y deseó ser feliz… y lo fue, y dejó de serlo, y volvió a desear serlo, y volvió a serlo.
Quiso el destino que uno de estos días, caminando, la princesa se cruzara con el primer príncipe que reinó en su corazón. Le contó sus aventuras, cuántas habían sido sus dichas, cuánto amaba a la vida, cuánta felicidad colmaba sus sueños. Y le contó el hecho de que aquello que deseaba siempre se cumplía. Y el príncipe a su vez le contó sus desdichas, y cuán desgraciado era, y cuán solo se sentía, y le pidió a la princesa un deseo. Sólo para él. Egoista... pero un único deseo. Le pidió que le concediera una doncella para que fuera su princesa y su reina. Le pidió su felicidad.
He aquí que nuestra princesa es algo que no podía darle, porque en su mente ella todavía deseaba que el príncipe la amara... un solo instante... sólo un instante mas... desde el fondo de su corazón. No era celosa... le daba igual con cuantas princesas hubiera estado. No le hubiera importado que el príncipe fuera feliz, pero... ¿ofrecerle ella esa felicidad? Era algo que dolía... y sus ojos se cruzaron, a tan corta distancia que sus almas hablaron de palabras que no comprenden los seres humanos.
Nuestro cuento de hadas llega a su final... pero os dejaré decidir el término a vosotros...

Sucedió que la princesa deseó que el príncipe fuera feliz, y deseó que encontrara a esa muchacha, y cada vez que lo deseaba dolía... dolía mas, y finalmente nuestra princesa murió, y el príncipe encontró a la muchacha que deseaba... y fue feliz... y olvidó a aquella pequeña princesa que había deseado su felicidad, porque es doloroso recordar a las flores después de que se marchitan.

Pudo también suceder lo siguiente...

La princesa olvidó. Olvidó al príncipe, olvidó lo que sentía por él... lo olvidó todo. Y al olvidarlo, olvidó también su deseo... olvidó el deseo que tenía de que el príncipe volviera a amarla, desde el fondo de su corazón... sólo un instante. Y en ese preciso momento todas las barreras que se habían interpuesto entre el príncipe y su felicidad desaparecieron...y encontró a su princesa... y fue feliz. Sin recordar exactamente por qué no la había conseguido hasta entonces. Ya no importaba. Simplemente era feliz.

Pudo ocurrir también que..

Nuestra princesa y nuestro príncipe se miraron, y sus almas hablaron, y el tiempo no había transcurrió en absoluto. El hogar de la princesa y el hogar del príncipe no eran tan diferentes...Y ocurrió un "vivieron felices y comieron perdices para siempre"

Pero recordemos que esto es un cuento de hadas. En la vida real la princesa no ama al príncipe, y el príncipe nunca le entregó su corazón a la princesa.

jueves, 4 de septiembre de 2008

precipitación

Al caer la noche mis sentidos se agudizan delatandome tu pulso la agitación que te consume. Entrecortadas tus palabras en el afán de respirar... me acerco... y con ese acto tu piel se humedece, dejandome paladearte aún a esta distancia... ¿quieres que me aleje?
No mueves ni uno de tus musculos, dejandole a mi mente decidir la ambiguedad: si es que me esperas con ansia o el temor de verme te impide escapar.