martes, 14 de junio de 2016

Conversaciones en el bosque: la pérdida al amanecer



Comenzó un día gris. El sol se negó a levantarse del todo y los insectos desaparecieron. La tierra gorgoteaba aquí y allí evidenciando que la cálida noche no había sido más que el preludio de la indigestión de una la malsana mañana. Amanecí sola. Los árboles sumidos en un mutismo aletargado ofrecían más escollos que cobijo en mi taciturno deambular. Siempre pienso en estos días, que va a ser el último de estos días... y que a partir de un instante todo serán primaveras... y siempre fallo ¿Por qué sigo aquí? ¿Por qué me aferro a una promesa de un puede que termina en un casi? ¿Por qué la gente no desaparece en los días de lluvia fina cuando las zarzamoras te tientan para probar sus rúbeos frutos? Puede que todo esté en mi mente, y realmente nunca hubiesen estado aquí... y en estos días en los que mi mundo me obliga a parar, estiro la mano para atrapar sólo aire.
Una de mis voces me embrujó una vez «que la buena suerte te persiga»... y no puedo menos que preguntarme si esto es un mal necesario para que esa suerte siga actuando.

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