He vuelto al bosque. Paladeo sus familiares olores segura de
que es "mi lugar". Nada más entrar siento el suelo de hojarasca
arropando mis pies. El sol es un mero invitado, que se filtra entre las ramas,
tejiendo improvisadas cortinas que acentúan la belleza de esta irrepetible
tierra. Encuentro mi lecho junto al lago. Está caliente. La vida que tanto he
amado sigue fluyendo libre. Las marcas de Ursus cincelan los árboles que lloran
brillantes gotas de sabia. Al caer la noche el lobo reclama a la luna. Me
siento muy dichosa. Mi mundo sigue aquí para abrazarme. La colmena que había
enmudecido en el mar vuelve a agitarse para encontrar las esquirlas de estrellas que quedaron atrás. Es normal que me duela la
cabeza en estos días. La tristeza es serena, y al sacudírmela, el resto de
sensaciones se tornan demasiado intensas. El aire me recuerda la razón de mi
partida "Felicidad". Es hora de que mi cónclave decida en qué
términos puedo darle ese nombre a este paraje.

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