En la penunbra del ocaso se acentuan mis sentidos, y escucho entre las aguas dos voces conocidas. Me aproximo con cuidado pisando entre rocas y musgo, evitando las secas ramas y hojas que echarían a perder una grata sorpresa.
-Parece sexo a cambio de trabajo
-Yo no lo veo así. No es un intercambio. Me atraen las personas que me protegen, las personas que me ayudan en mis metas, las que me miman. No significa que todas las personas que cumplan estos requisitos me atraigan de la misma manera, pero si alguien no te ayuda, no pasa tiempo contigo, no te incluye en sus planes, no se incluye en los tuyos... simplemente por cruzarse en tu camino... no, no me atrae. Puedo decir si es o no simpático... o más o menos guapo/a... pero es como un pájaro... está bien... pero no hace que salte la chispa.
-Eres una enferma
-Puede, o puede que los enfermos sean los demás, que quieren tirarse a personas desconocidas que se cruzan por la calle, o a actores famosos a los que nunca han visto en persona.
-¿Y no te trae problemas?
-Muchos
-...
-Todos tenemos que aceptarnos tal cual somos. No le des más vueltas.
-Sigo pensando que estás enferma
-Y yo sigo sin querer discutir.
Me alejo sigiloso sin terminar de comprender qué he escuchado, pero seguro de que no estoy invitado a unirme.
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